Reseña de Artes Escénicas
Reseña creada el:
03/08/08





La excusa argumental: estamos en 1999 en una isla griega. Una joven de veinte años está a punto de casarse. Su madre la ha criado ella sola, sin padre conocido, libre y despreocupada, regentando una taberna-hotel en medio del Mediterráneo. Pero la niña quiere saber quién es su padre. Por ello lee el diario de su madre, concluye que hay tres posibles candidatos y los invita a la isla para salir de dudas y conocer al fin a su progenitor. Los padres putativos aparecen, la madre se escandaliza, las amigas de la madre se entretienen, las canciones amenizan la espera hasta la inminente boda.
La música: Las canciones de ABBA – compuestas por Benny Andersson y Björn Ulvaeus y en algunas ocasiones con las letras de Stig Anderson – son la verdadera estrella de la función, que sostienen una trama endeble hasta hacerla digerible. Un total de 22 canciones aparecen en versiones más o menos fieles o adaptadas para mejor servir a los intereses de la narración. Y las canciones son tan buenas que funcionan incluso servidas desde una premisa tan forzada como esta. Y si tuviera que resaltar el uso de alguna de las canciones se llevarían la palma la vibrante interpretación de “Money, Money, Money”, así como una de las más hermosas canciones pop de los años ochenta: “The winner takes it all”. Y se saca muy buen partido de algunas canciones menos conocidas como “One of us” y Slipping through my fingers”.
El montaje: Vi la función en un teatro que podríamos llamar de ‘provincias’ (en la ciudad de Grand Rapids en el estado de Michigan, al norte de EEUU), con un reparto discreto donde vocalmente solo destacaban los dos protagonistas, Susie McMonagle como la madura tabernera independiente y John Hemphill como el galán maduro que desaprovecho su añeja oportunidad de juventud. El resto del reparto tenía unas cualidades vocales más discretas pero un entusiasmo físico del todo contagioso, con sus saltos y piruetas que acompañaban a la perfección las canciones in robarles el debido protagonismo. Segun el programa de mano, el montaje es el original de Broadway y Londres - dirigido por Phyllida Lloyd -, pero con cantantes menos conocidos: y la verdad es que el conjunto es excelente, sacándole partido a un decorado sencillo pero efectivo y dejando el protagonismo rotundo a las canciones. Todo un acierto.
Conclusión: pese a lo artificioso del planteamiento, pese a lo forzado de ensamblar canciones independientes dentro de un conjunto dramáticamente coherente… el musical funciona a la perfección, y si bien la conclusión sea lo más flojo del conjunto, las casi dos horas y media de espectáculo se pasan volando. Podría haber sido mejor, pero funciona, emociona, entretiene y recupera la nostalgia de un grupo con canciones memorables: ABBA. ¿Y la película? Parece que les ha salido bastante bien: ya veremos.





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