Reseña de Libros
Reseña creada el:
02/05/08





“Página impar, autodefinido: vivo de mi trabajo, gano lo justo para poder tener deudas, me educaron con tibios valores, ayudaría a una anciana pero no si la anciana, además de cruzar la calle, quisiera tomarse un café con leche y hablar conmigo de todo lo que echa de menos.”

Así comienza la interesante “Rosas, restos de alas”, primera novela de Pablo Gutiérrez a la que llegué gracias a una entusiasta reseña ofrecida en el blog latormentaenunvaso. (http://latormentaenunvaso.blogspot.com
/2008/04/rosas-restos-de-alas-pablo-gutirrez.html)
Como suele ocurrir con las operas primas, uno se acerca a ellas tímidamente y con una ceja arqueada. De este modo abrí el libro y me sumergí en su lectura; cuando me di cuenta rondaba ya la página sesenta. Mi reticencia inicial quedó aparcada en la primera página y disfruté con una historia bastante cercana y muy bien escrita.
La historia, a dos tiempos, nos va relatando el hastío y fuga del protagonista por un lado, y sus lejanos recuerdos de infancia por otro. El protagonista encarna un concepto de soledad en el que se plantea lo difícil que es seguir adelante en un mundo en el que hace tiempo se ha dejado de creer. No obstante para mí la historia ha sido una excusa para disfrutar del verdadero logro de la novela: el uso que el autor hace del lenguaje.
Si bien el estilo es netamente narrativo, el ritmo y las imágenes que se utilizan tienen mucho de poético; de una poesía cómplice que hace un buen uso de diferentes referentes generacionales. “Mi cerebro, probrecito, es una pantalla de telesketch: construyo y deshago recuerdos de una barrida.”
En esta yuxtaposición de referentes vemos las ganas del autor por sorprender y reventar clichés con un estilo más cercano a Beigbeder que a Houellebecq. Es en este punto transgresor donde debo hacer mención a un elemento poco menos que inusual: el surf. El protagonista practica este deporte y le sirve al autor como elemento narrativo capaz de activar una serie de conceptos.
Muchas veces hemos sidos testigos del uso del mar como huida, liberación, pero esta vez el mar (que no la playa) no es visto desde la melancólica seguridad de un embarcadero ni desde la solemnidad majestuosa de un velero. El autor nos sitúa a ras de ola, a lomos de una tabla. Desde ahí describe lo que siente y lo que le ve. Una arcadia que también alberga sus puntos negros.
Sinceramente, este me parece uno de los mayores logros de la novela y representa muy bien el espíritu del libro, el deseo de seguir luchando en una superficie inestable que nos puede tirar a la menor sacudida.
Debemos felicitarnos al ver editoriales como La Fábrica apostando por autores jóvenes de novela corta, un género de difícil ubicación en el mercado editorial español.
“Mi mujer dice: haz una lista, llévate lo que quieras. Lo que quieras. Menos a mí.”





Comentarios a esta reseña:
antonalva - 12/05/08

Tu reseña anima a leer el libro la verdad. Gracias. A ver si tengo ocasión de echarle un ojo.