Reseña de Artes Escénicas
Reseña creada el:
24/09/07





Hubo una vez una Inglaterra que olía a herrumbre y moho, a ladrillo viejo, a humedad y al
sudor de los obreros que trabajaron las minas de la Gran Bretaña; obreros orgullosos de serlo, rudos, corpulentos; los ejércitos se formaron con hombres de su calaña, hombres que durante siglos murieron en los campos de batalla al servicio de los reyes que los comandaron; hombres que con su sangre vertida ganaron las guerras que permitieron construir la Inglaterra de hoy.
Cuando los ejércitos dejaron de necesitarlos tuvieron que afrontar la primera batalla de una guerra que no podrían ganar; la Revolución Industrial comenzó a considerarlos prescindibles, la maquinización no necesitaba hombres rudos. Refugiados en la siderurgia y en la minería durante el siglo XIX subsistieron, intacto su orgullo de clase trabajadora, hasta bien entrado el siglo XX donde encontraron que el final de sus tiempos, llevaba nombre de mujer: Lady Margaret Thatcher.
La reconversión industrial pretendía adecuar el reino a los nuevos tiempos, en los que el uso intensivo de mano de obra no cualificada en labores cuyo coste de explotación era demasiado oneroso al Estado, se consideraba como algo a extinguir.
Con el cierre de las minas moría lánguidamente la clase obrera británica, la misma que defendió a Inglaterra. Los obreros y sus sindicatos con ellos apostaron una última batalla, una huelga representativa de ellos: dura, inflexible, implacable, que no hubieron de ganar.
En ese contexto de hombres toscos, con pocas letras, corpulentos, honestos, que apestan a sudor y cerveza, surge un niño con inclinación al ballet, de nombre Billy, Billy Elliot.
Quien haya visto la exitosa película doblada no sabrá que se ha perdido CASI TODO el significado de esta obra. Hay que oír hablar el inglés que hablan para entender la obra, film o teatro, en su plenitud; en caso contrario, se pierde la mayor parte de su valor. El español se diferencia principalmente por la procedencia regional de su hablante. El inglés se diferencia significadamente por la procedencia social del interlocutor. El inglés obrero, duro de oír y de entender, se parece bien poco al inglés blanco y neutro de los informativos de la BBC. Oif bin brod op boi moi moder. Dis is mi moni.
La obra va bastante más allá de un mero contraste entre cómo percibe un varonil obrero la noticia de la afición de su hijo más pequeño por una actividad como el ballet, visto como algo tan refinado y sensible que el padre ve como un amaneramiento vergonzoso para la propia familia. La obra es un relato social e histórico del pasado reciente, y un último tributo a los obreros que han forjado el presente que hoy disfruta el reino.
Dicho lo anterior, y respecto de la obra en sí, destacar que lo que singulariza a esta obra del West End londinense, es que está protagonizada por un niño cuya historia sirve de pretexto para el asunto de fondo. No es frecuente que haya niños en las obras de teatro y menos que éstos sean protagonistas, lo que plantea alguna dificultad añadida a la hora de reseñar esta obra.
El caso es que no se puede juzgar la interpretación de un niño con el mismo rigor que si fuera un adulto. Así por ejemplo hay que distinguir entre el plano relativo y el absoluto.
En el plano relativo, el niño produce un ballet decididamente meritorio, se nota el esfuerzo del pobre chaval en ello (14 años) y se deben reflejar sus horas de ensayo y entrenamiento, su sacrificio en el aprendizaje de los textos y las renuncias que ha debido de hacer a una vida más ordinaria.
Pero en el plano absoluto, no puede compararse su danza aprendida en unos meses con la propia de bailarines adultos con años de entrenamiento tras ellos, de modo que su ballet es pobre, su técnica es deficiente y como niño que es, tiene un cuerpo de reducidas dimensiones que no resulta nada vistoso o armonioso de contemplar en movimiento.
Reflejar por último que la partitura corre a cargo de Sir Elton John cuyo talento parece que ha venido a seguir el mismo rumbo que su fortuna (decreciente). La partitura es rutinaria, anónima, de trámite, no hay nada absolutamente memorable en ella, ni una sola pieza, ni un solo momento, nada, es tan ordinaria, vulgar y mediocre que podrían haberse ahorrado la cita de su nombre en el cartel del espectáculo.
Si van a Londres, acudan a verla, pero no por la música, no por la danza, sino por el homenaje que pueda representar al working-class pride inglés, sólo entonces, y en su idioma comprenderán más de lo que estas palabras pueden explicar.
JM





Comentarios a esta reseña:
Stewie - 24/09/07

Mi resumen: el niño marica que quiso bailar. (ruido lucha de clases)
JotaEme - 24/09/07

Stewie, creo que esta vez se ha quedado en los primeros kilómetros de una carretera muy larga.
JM
antonalva - 29/09/07

Sus reseñas son siempre motivo de aprendizaje constante. Muchas gracias.